Tasa de café

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Taza de café. Botella de agua. Mapa

Una preciada silla, para hacer un alto. Un paréntesis reparador.

Habíamos caminado toda esa soleada mañana, de un calor que parecía no querer marcharse.

Casas de entramado de madera y edificios renacentistas. Con sus clásicas chimeneas que seguramente esperan ansiosas el cambio de estación para recobrar su vida, con su característico humo blanco y ese inconfundible aroma a leña quemada tan especial.

El tiempo aquí fluye de una manera distinta, pausado, lento, invitándonos al silencio, a la observación. Pensativos y con calma, intentamos no dejar espacio sin explorar.

Pareciera que nada puede perturbar el ambiente singular de estas estrechas calles medievales. Prolijas, cuidadas, hasta las macetas con flores parece ser parte de la escenografía de un gran decorado. Nada está fuera de lugar, o puesto al azar.

Cada casa, cada pared, la decoración de cada puerta o ventana requieren atención. Aquí todo es único. Todo llama nuestra atención.

Cruzamos un puente de madera, con la particularidad de tener construidas más de treinta casas. El puente de los comerciantes, construido sobre el rio Geda. De aguas cristalinas e inquitas, que agregan frescura y música natural, a este ambiente singular.

Una ciudad de cuento de hadas y princesas. Pájaros, flores, pocos autos, bicicletas…

Paz, tranquilidad y buena energía nos completan y expanden el ser en este universo abundante. Gratitud infinita!

La construcción religiosa más antigua de la ciudad es la Iglesia ubicada en el corazón del centro histórico. Con una enorme campana vieja instalada en su torre.

Su sonido, con multiples frecuencias, resuena en nuestro interior, y nos trasporta en el tiempo, estábamos inmersos ya en otro siglo. En cualquier momento aparecerían los carruajes, con sus damas y caballeros vestidos para ingresar al servicio religioso.

O tal vez asomaría Napoleón y sus tropas desfilando por sus empedradas calles… Serímos tal vez testigos del famoso encuentro con Alejandro I, para negociar su alianza….

De un momento a otro podríamos ver a los apurados mercaderes que llegarían de diferentes puntos de Europa para intercambiar en esa plaza sus mercancías…

Y porque no, cruzarnos con el paso de los intelectuales, que también caminaron estas tierras y que modificaban su época, como Lutero, Goete, Bach…

Estábamos pisando y respirando parte de la historia, habitando el mismo espacio físico, separados solo por el tiempo…

Muchas veces nos quedamos un rato largo sin hablar, en estos altos en el camino, cada uno aprovecha ese silencio para capitalizar la experiencia.

El mozo con su “entschuldige mich“, nos trae nuevamente a este tiempo.

Taza de café. Botella de agua. Mapa.

Retomamos nuevamente la comunicación, para intercambiar sensaciones, compartir algo de comer y diseñar nuestra próxima ruta.

Kiki Calder
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